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Coca-Cola: 125 años del nacimiento de un sueño americano
La historia de Coca-Cola empezó de una manera un tanto involuntaria en los estertores últimos de la Guerra Civil americana. En 1865, un confederado derrotado y joven, John Pemberton, volvió a casa gravemente herido. Como muchos otros veteranos, a consecuencia de las heridas cayó en las garras de la morfina, primero para aplacar el dolor y luego para poder sobrevivir el infierno de la vida cotidiana. Pero Pemberton, hombre templado y razonable, sabía que eso no era vivir, así que empezó a experimentar con la cocaína, entonces de uso común y hasta prescrita por los médicos. Buscaba crear un brebaje que le librase de las inyecciones diarias de morfina y ya de paso patentar una bebida estimulante como las que, por aquella época, hacían furor. Así nació el Pemberton’s French Wine Coca, un jarabe compuesto de alcohol, cocaína, té mexicano y nuez de cola. La invención se vendía como pan caliente… hasta que el condado de Atlanta promulgó una ley contra el alcoholismo que arruinó las ventas. Imitadores Pemberton no se echó atrás. Rehizo a toda prisa su fórmula y puso en el mercado su nueva bebida en 1886. Se llamaba Coca-Cola, en honor a sus dos ingredientes principales. Pronto le salieron imitadores, por lo que no terminaba de despegar. Apareció entonces Asa Griggs Candler, un joven empresario con gran visión de negocio, y se ofreció a comprarle la empresa. La transacción se cerró en 1887 por 2.300 dólares. Al año siguiente se constituyó la Coca-Cola Company. A diferencia del farmacéutico Pemberton, Candler poseía un finísimo olfato para los negocios. En pocos años se adueñó del mercado de bebidas carbonatadas en Atlanta. Los grifos de Coca-Cola eran ubicuos y la marca, gracias a un plan de marketing muy agresivo, era omnipresente, estaba en todos los rincones de la ciudad. El ambicioso Candler, que no aspiraba a ser un próspero hombre de negocios local sino un multimillonario como los gigantes del acero o del ferrocarril, montó una embotelladora a las afueras de Atlanta y empezó a exportar la Coca-Cola en botellas en 1894. Para el cambio de siglo era ya el hombre más rico y famoso de la ciudad y del estado. Su voluntad de triunfo no conocía límites; en 1912 sentó sus reales en Manhattan. La Coca-Cola no sólo llenó el ego y los bolsillos de Candler: le dio más poder del que nunca hubiese soñado. En la cumbre de su gloria se presentó a las elecciones municipales de Atlanta y las ganó de calle. Fue alcalde entre 1916 y 1919. Gestionó el municipio como una empresa, redujo el déficit público a cero y embelleció la ciudad con el primero de sus grandes parques, al que llamó, cómo no, Candler Park. Héroe americano La biografía de Candler, la propia de un héroe americano, iba pareja a la de su burbujeante criatura. En la primera década del siglo dejó de parecer y venderse como una medicina y se convirtió en un refresco, un competidor negro y gaseoso de la omnipresente limonada. La ventaja que tenía la Coca-Cola era que, como la fórmula era secreta y estaba requetepatentada, nadie podía competir con ella… o casi. En 1898, Caleb Bradham, de Carolina del Norte, lanzó al mercado la Pepsi Cola. Así nació el eterno duelo Pero Coca-Cola siguió creciendo. En los años treinta era ya un símbolo de Norteamérica. Durante la Segunda Guerra Mundial recorrió miles de kilómetros por todo el mundo acompañando a las tropas. Los europeos cayeron rendidos ante el seductor aroma a nuez moscada que desprende una Coca-Cola recién abierta. Europa se reconstruyó junto a la bebida americana, a la que le añadían una rodaja de limón y un par de cubitos de hielo. La poción mágica de Pemberton había unido lo que parecía imposible: bebedores de todo el mundo la mezclaron con sus bebidas nacionales. Los bebedores de vodka tardarían aún unos años en apuntarse a la bebida: hasta la caída del Muro.. Después de 125 años la Coca-Cola sigue siendo, a grandes rasgos, la misma que empezó a vender Pemberton en 1886. La empresa es un gigante con activos valorados en 73.000 millones de dólares –el equivalente al PIB de Serbia– y cerca de 140.000 empleados directos –el equivalente a toda la población de Tarragona-, más los de las embotelladoras independientes de todo el mundo.
_________________ ASTURIAS.....YO estuve allí haciendo ENDURO ¡¡¡¡ NAVALESPINO.....trialera de peregrinación, terminada y hechando el bofe ¡¡¡¡¡¡ MERINDADES.........por delante de to los pros......je
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